EN EL SILENCIO

Aquí estoy.
Aquí estoy, en la carrera del viento. 
En el frío de una piedra que espera el amanecer.

No hay más esperanzas en la almohada de mi lecho,
ni amantes, ni amores.

Aquí estoy, 
aquí en el silencio que rodea el camino de las lágrimas,
en este pedazo de vida.

Aguardo un poco de luz en el día. 
¿Y quién la esconde entre sus dedos impenetrables?
Quizás sea Dios,
en la lozanía de su cielo justo,
tan lejano de este intento de volar hasta él.

Nadie sueña,
porque nadie duerme.
Se desvelan en engaños con apariencia de ilusión,
de dos amantes tomados de la mano
jugando a desafiar la vida y la muerte.

¡Vano el calor de tu abrazo que me hace invencible!
¡Vana la luna, y su inspiración de estrellas,
que no me dejan escribir de miserias y amarguras!

En el quiebre de la mañana
temo al canto dulce de la tarde.
Y por un momento se cierra el cielo
y vuelven mis pasos a mendigar por calles cansadas y vacías.

Creo en la eternidad,
y en que estoy perdido en ella. 

La muerte y su procesión de campanas
traen hasta mi puerta un luto para mis ojos.
Y en la oscuridad que va tiñendo el aire
veo amarrada al marco entreabierto de la ventana a la esperanza,
que como un ave atrapada en una jaula de lágrimas
quiere volar hasta el gris amplio de un cielo enmudecido.

Y me rindo a la vida,
en una batalla que libré como jinete de utopías,
con espadas de tinta y papel,
y escudos de silencio.

Me vencieron la realidad y los años.
Ahora soy la sombra de un vuelo que se derramó en el viento. 

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