ÁNGEL GUARDIÁN

El ateo de la silla de ruedas nunca se dio cuenta. Su ángel guardián llegó 15 minutos antes que él al paradero; era aquel hombre gordo de camisa blanca que hizo parar la micro. Era aquel muchacho de audífonos que bajó la rampa y lo ayudó a subir. Y era el hombre de polerón negro, que luego lo ayudó a bajar. 

1 comentario:

Cesar D. Kaiser dijo...

Siempre habrán personas que ayudan a los demás sin mirar a quien, sin esperar nada a cambio verdaderos especímenes en vía de extinción. Buenisimo