LO ABSOLUTO

En lo más tenue de un atardecer gris, la dama Muerte deshila un pañuelo perfumado de flores que nunca envejecerán…

Lo absurdo de esta historia de amor
que en el corazón de la Dama muerte anida;
Ella, gris y delgada,
enamorada del caballero Vida.

Encerrada en su castillo de enredaderas negras
baja las escaleras a toda prisa;
Ayudada por sus hadas-arañas
sus pies por el mármol desliza.

De pie en el gran salón
su sombra se dibuja en las cortinas;
La luz de sol se hace a un lado
Para evitar su silueta fina.

“Cuando él llegue”, se dice,
“tocaré una canción de vida en el piano,
me adornaré de pétalos amarillos
y entonaré un canto ambrosiano”.

Se le escapan las ilusiones
Por los hilos de su vestido.
Los cascos que escuchó por las calles del pueblo
pasaron por su puerta, y se han ido.
El caballero Vida no se detuvo
ante la dama que en su ventana
desde el amanecer de pie estuvo,
como una vulgar cortesana
esperando a la vida y sus alegrías,
soñando con alegorías
que no son propias de la muerte,
sino que de la vida son suertes.

Despreciada La Muerte
se retira en silencio.
Sube en calma las escaleras
hasta sus aposentos.
Por la ventana, a la distancia
observa las fiestas, oye las risas
que los amantes del reino
celebran sin prisas
como si la vida eterna
fuese agua clara
bebida de una cisterna
en la que el tiempo no existe
ni la muerte triste.

Gira su mirada
a la habitación vacía
en busca de alguien;
Pero sólo agonía
acompaña su llanto.
Una soledad fría
tiene ella por encanto.
De nubes grises
es de Muerte su manto.
Su figura delgada
no despierta pasiones,
y su piel fría
es motivo a bufones.

Se levanta como tormenta que se avecina
Y recoge su vestido de muselina.
Una ópera de ira y lúgubre pena
brota de sus labios mustios.
Y como juez que sentencia diera
mira a los amantes,
a los de todas partes.
Y marcando un gesto perverso
en su pálida faz
su canción compone en versos
de encanto locuaz:

“Amores más grandes
que la vida y la muerte;
De muchos amantes
serán buena suerte.
Pero no importa ya,
porque donde se escondan
de mi paso, de mi sombra…
Los he de alcanzar.
Y de una caricia como brisa fría,
borraré su alegría.
Siempre será condena
aún de los amantes más fortunos,
que a su debido tiempo
quede en vida solo uno.
Así que disfrutad del amor
que a la muerte se ha negado.
Porque a una hora ya señalada,
Por la muerte… ese amor te será arrebatado”.

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